Saludos y bienvenida



Somos un grupo formado por profesionales sanitarios (medic@s y enfermer@s), pero abierto a todos aquellos profesionales de la salud interesados, cuyo objetivo fundamental es mejorar los aspectos comunicacionales de la relación médico-paciente, para ello realizamos cursos de formación a profesionales de la Comunidad de Madrid, fundamentalmente a los residentes de la especialidad de Medicina de Familia y de Enfermería de Familia.

comunicacionysalud.madrid@gmail.com



domingo, 7 de mayo de 2017

Cuando somos pacientes: una mirada desde la ética y la comunicación

    Buenos días,

recién terminado el último Congreso semFYC, del que hemos disfrutado estos días en Madrid y con el rescoldo todavía bien presente de lo que nos ha "movido", queremos compartir con vosotros una de la actividades en la que participamos. El Debate titulado "Cuando somos pacientes: una mirada desde la ética y comunicación" en el que los Dres Beatriz Ogando, Ignacio Revuelta y nuestra querida Concepción Álvarez nos hicieron -según a cada cual- volcarnos, abrirnos, acercarnos, reflexionar, siquiera intuir, atisbar...  este apasionante y con frecuencia poco atendido tema...

Para ello, os dejamos dos documentos que la Dra Concepción Álvarez, generosa, comparte con todos nosotros. En primer lugar el que aportó entre la documentación del Congreso:

Médicos enfermos. Reflexiones desde la comunicación
Mª Concepción Álvarez Herrero. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Profesor Honorario de la Facultad de Medicina de la UAM. Miembro y Docente del Grupo Comunicación y Salud de la SoMaMFYC.

El encuentro clínico entre un médico y un paciente que es médico, entra en el catálogo de las denominadas relaciones y entrevistas difíciles. La comunicación se condiciona a ambos lados de la mesa. Hay una interferencia cognitiva y emocional.

Aunque parece la situación idónea para establecer una relación clínica de alianza, basada en la confianza, hay múltiples condicionantes que complican este logro.
De un lado, como médico, me puedo sentir evaluado, o verme condicionado por un exceso de identificación y por una merma en mi asertividad, con la consiguiente modificación (para más hacer, o para menos; desde luego, diferente) en los planes y solicitudes/acuerdos en el proceso de diagnóstico y tratamiento. Es posible el establecimiento de un trato de favor o de un síndrome del recomendado; o, también es posible, que me ponga a la defensiva.
Lo que hacemos como clínicos puede aislar a nuestros pacientes-médicos o hacer que se sientan seguros.
De otro lado, la minimización y el pudor u ocultamiento de mis síntomas cuando soy paciente, suele generar retrasos, problemáticos sobreentendidos y equívocos en esos mismos procesos diagnósticos y terapéuticos. Aquí también hay que considerar si como paciente exijo (o doy por hecho) ese trato de favor; o, por el contrario, lo evito hasta el punto de no desvelar mi profesión (dificultando el necesario abordaje psico-social).

Todo un mundo sutil de justificaciones, intenciones e interpretaciones, donde -como médico- tendré que aprender a manejar esta situación ante un paciente individual, experto, “especial” -del mismo modo que con otros pacientes-, sin estereotipar, interpretar, juzgar ni culpar, sin (a pesar de la similitud) dar nada por supuesto: afinando mis habilidades de comunicación para averiguar qué sabe y qué piensa, qué valores y expectativas tiene, qué quiere saber y cómo se siente mi paciente-médico. Preguntar – decir –preguntar.

Cuando somos pacientes, en general, a los médicos nos cuesta confiar y no intervenir por nuestra cuenta cogiendo la sartén por el mango (si es que podemos). Aunque necesitamos ayuda, nos cuesta pedirla y reaccionamos (no pocas veces) con un sentimiento de invulnerabilidad. Pero no sólo nos hacemos enfermos -con todo lo que esta experiencia de pérdida (y de vida) implica para cualquiera-, sino que, además, cuando enfermamos, en cierto modo nos des-hacemos como médicos; se afecta nuestra identidad: de ser cuidadores pasamos a ser cuidados.
Como cualquier paciente, lo que necesitamos es a un médico especialista en empatía, capaz de acompañarnos en este proceso con nuestras peculiaridades:
1º- en nuestra inicial y obstinada negación,
2º- en nuestra posterior, y frecuentemente abrupta, aprehensión de malos presentimientos, cuando comenzamos a pensar en lo peor de lo peor (que bien sabemos que, a veces, sucede),
3º- en el miedo que tenemos a comportarnos (y a ser catalogados) de quejicas, y en la irritación que nos produce no sentirnos médicos, sino vernos llevados por un pálpito a veces poco científico,
4º- en el incrementado miedo a todo el sufrimiento conocido y posible,
5º- en el proceso de diagnóstico, con todas sus pruebas y esperas, del que somos sujetos y ahora quizá tratados como objetos, y
6º- en nuestras dudas –con sus contradicciones y vergüenzas- cuando nos toca tomar decisiones.
No necesitamos a un querido colega que se sienta identificado con nosotros. Lo que todos precisamos es cuidados y empatía, como cualquier paciente en su peculiaridad: como el médico que inevitablemente seguimos siendo mientras vivamos.

Cuidar a un colega puede llegar a ser un regalo, por lo que conlleva esa relación de profunda confianza; ya que (con frecuencia) son los más iguales o cercanos los que más pueden enseñarnos aspectos de nosotros mismos. Todo lo que tenemos que hacer es lo mismo que haríamos con los otros pacientes; eso y, de vez en cuando, llamarle “Doc”.

Y, como pacientes, los médicos tenemos que aprender a aceptar nuestras carencias, reconocerlas, y entender con humildad que necesitamos a los demás.
Incluso en las situaciones de duda o discrepancia con nuestros médicos, sólo podemos apelar a que manifestemos nuestro desacuerdo de un modo asertivo, evitando tanto la pasividad como la agresividad.
Tenemos que entender cuanto podemos (cuanto pueden los pacientes) contribuir a crear una relación clínica madura, satisfactoria y terapéutica. Tenemos que aprender a confiar.

Si es así, ser paciente nos supondrá un duro, pero hondo, aprendizaje para ser un buen médico.

Biblio-filmografía
- El doctor, película de Randa Haines, 1991.
- Las confesiones del Dr Sachs
           Libro de Martin Winckler. Ed Akal Literaria, 1998.
           Película de Michel Deville, 1999.
- Las alas de la vida, película de Antoni P. Canet, 2006.
- Barrera Tyszka, A. La enfermedad. Ed Anagrama, 2006.
- Borrell i Carrió, F. Práctica clínica centrada en el paciente. Ed Triacastela, 2011.
- Gawande, A. Ser mortal. La medicina y lo que importa al final. Ed Galaxia Gutenberg, 2014.
- Kalanithi, P. Recuerda que vas a morir. VIVE. Ed Planeta - Seix Barral, 2016.
- Platt, F; Gordon G. Field Guide to the Difficult Patient Interview, 2ª ed. Ed Lippincott Williams & Wilkins, 2004.
- Berger, J. Un hombre afortunado. Ed Alfaguara, 2008.



Y en segundo, un relato que podéis encontrar en la izquierda de nuestra página, en el apartado titulado "Encuentros: un espacio para encontrarnos a través de los relatos" en primer lugar titulado "Debate".

Esperando que esta entrada os genere "movimiento" y quizá queráis compartirlo con nosotros...
Buen domingo

GC&S Madroño


No hay comentarios: