Saludos y bienvenida



Somos un grupo formado por profesionales sanitarios (medic@s y enfermer@s), pero abierto a todos aquellos profesionales de la salud interesados, cuyo objetivo fundamental es mejorar los aspectos comunicacionales de la relación médico-paciente, para ello realizamos cursos de formación a profesionales de la Comunidad de Madrid, fundamentalmente a los residentes de la especialidad de Medicina de Familia y de Enfermería de Familia. El grupo además celebra periodicamente Cineforums como herramienta formativa abierta a todos los socios de SoMaMFyC y un congreso anual del grupo nacional,

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miércoles, 24 de mayo de 2023

XXXVII Cinefórum del Grupo de Comunicación y Salud de SoMaMFyC

 CINEFÓRUM del Grupo Comunicación y Salud. SoMaMFYC

El Grupo Comunicación y Salud de la SoMaMFyC tiene el gusto de invitaros al 37º cinefórum que se celebrará  el día 14 de junio, a las 16:00 horas en la sede de la Sociedad (C/Fuencarral nº 18-1º D). En este encuentro, se proyectará y comentará la película “EL ACUSADO” del director francés Yvan Attal.

Al igual que los anteriores cinefórums, éste será coordinado por los doctores Alberto López García-Franco -Colaborador del Grupo Comunicación y Salud, que nos adjunta una breve reseña- y Concha Álvarez Herrero.           

           


Las películas de juicios constituyen un género en sí, con una trama que intenta revelar la verdad sobre lo acontecido. Su propósito es que no exista duda razonable alguna sobre la culpabilidad de la persona a la que se condena. La acción se desarrolla en un escenario en el que fiscales y abogados en un juego de agravantes y atenuantes, de falacias y argumentarios, intentan conseguir sus objetivos que no siempre coinciden con el de alcanzar la justicia. Jurados y jueces deben dictaminar un resultado sin verse influidos por prejuicios, sesgos ni ideologías. Ejemplos brillantes de este cine de juicios son “Anatomía de un asesinato” (Otto Preminger, 1959), “Doce hombres sin piedad” (Sídney Lumet,1957), “Testigo de cargo” (Billy Wilder, 1957) o “Matar a un ruiseñor” (Robert Mulligan, 1964).

En nuestra película, un joven instruido, sensible y educado, hijo de una pareja de intelectuales liberales, se enfrenta a la denuncia de violación de la hija de la actual pareja de su madre. Su director Yvan Attal, que ya demostrara su enorme capacidad de denuncia social en la brillante película “Una razón brillante” nos sumerge de lleno en el debate del “sólo sí es sí” en una película compleja, llena de aristas legales y morales, cuyos personajes se debaten en sus propias contradicciones. La madre del joven acusado, Charlotte Gainsbourg (pareja en la vida real de Yvan Attal) es una escritora conocida por su feminismo radical que se tiene que enfrentar a sus propios fantasmas y claroscuros.

Attal consigue que el espectador participe, como un miembro más del jurado, en un juicio en el que fiscales y abogados dilucidan sobre la violencia y la intimidación en una intimidad como la sexual. Intimidad difícilmente comprendida por terceros, en la que se conjugan voluntades y deseos, confidencias y sugerencias, insinuaciones e imposiciones, y en donde un entorno machista y cosificado contra la mujer puede convertir en una violación lo que debería ser un proceso de descubrimiento. Al espectador le surgen dudas razonables sobre la dudosa inocencia del acusado, y bastantes certezas sobre la culpabilidad de una sociedad machista que ampara realidades de dominación y violencia sexual.  

Como en su película “Una razón brillante” en la que la protagonista, una joven marroquí se niega a competir en la final del concurso de dialéctica porque no quiere ser vencedora en el lenguaje de los opresores, aquí la joven que pone la denuncia por violación se siente oprimida por una sociedad que en tantas ocasiones tan sólo la considera como objeto sexual. En el concurso de la oratoria para la que es preparada la joven marroquí en la película “Una razón brillante” su racista profesor le dice: “lo importante no es la verdad, sino aparentar tener razón”. No debería ser de lo que se trata, pero a ese juego nos someten abogados y fiscales y es, en este escenario, en el que discurre la acción de la película y en donde nos implicamos como espectadores.

Preparaos para una tesis sobre el tan traído consentimiento del “solo sí es si”. Dirimir la inocencia o culpabilidad del acusado es el propósito de la película. Independientemente de la condena que se le ponga, sobre lo que posiblemente estaremos todos de acuerdo es que el acusado, con delito o sin él, ese instruido, sensible y educado joven, no obra de buena fe.

Empieza el juicio. Como miembros del jurado se nos exige ecuanimidad con las dificultades que ello conlleva. Como en la película “Anatomía de un asesinato” ante el “protesto” del fiscal a la pregunta del excelente abogado defensor protagonizado por Jame Stewart, el juez dictamina:

- Se admite la protesta. El jurado debe hacer caso omiso a la pregunta del abogado defensor- apostilla el juez.

- ¿Cómo puede el jurado hacer caso omiso de lo que ha oído?, le pregunta el acusado a James Stewart.

- No puede, contesta éste.

El papel del jurado en esta película de juicios debe ser, precisamente, suspender el juicio: el propio, ese cargado de ideologías y prejuicios.

Como decía el maestro Machado, buscar la verdad.  

 “¿Tu verdad? No, la Verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”.

No hay más preguntas, señor juez.

 

The End

sábado, 20 de mayo de 2023

"Emigrantes" por Bárbara Díaz Gómez

Desde el Grupo de Comunicación y Salud de SoMaMFyC queremos dar la bienvenida a una nueva compañera, Bárbara Díaz Gómez, Médica de familia, y lo hacemos agradeciendo que comparta con todos nosotros uno de los relatos que  presentó a las Jornadas de Medicina Narrativa celebradas el pasado 16 de enero 2023 en la Universidad Francisco de Vitoria. El relato, titulado "Emigrantes", es una muestra en tono de humor de lo que quizá muchos de nosotros vivimos un día cualquiera en la consulta, y cómo la comunicación se presta a distintas interpretaciones influidas por la emoción del momento.



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domingo, 16 de abril de 2023

Relato ganador del Congreso de Comunicación y Salud de Zaragoza: "Memorias de lo secundario en la primaria".

Os presentamos el relato ganador del XXXII Congreso de Comunicación y Salud que tuvo lugar en Zaragoza. En él, la autora nos expresa una realidad difícil en el ejercicio de la medicina familiar y comunitaria que por desgracia se vive en muchas consultas, demasiadas, y que es poco comprendida en el sistema en el que (sobre)vivimos, trabajamos y nos relacionamos. Un relato que incita a la reflexión sobre el sistema que tenemos y el que queremos tener en el futuro.

Su título es Memorias de lo secundario en la primaria y podéis leerlo si pincháis en el mismo y también, como siempre, en la columna de la izquierda en nuestra página. 

Agradecemos a Laura Pérez su generosidad por compartir su reflexión con nosotros.

miércoles, 12 de abril de 2023

III ENCUENTRO ONLINE DE MÉDICOS HUMANISTAS

Hoy, 12 de abril, celebramos cada año el Día de la Atención Primaria.

Dentro de un mes, el día 12 de mayo de este año 2023, tendrá lugar el III Encuentro online de médicos humanistas bajo el título "Humanicemos la salud mental". 

En esta ocasión será moderado por el Dr José Ignacio Torres, miembro del Grupo de Comunicación y Salud de Madrid, y fiel practicante de una atención humana e integral en sus consultas. 

                                                                                   

                                                                                                                                                  Si dispones de la tarde libre ¡No te lo pierdas!

         III Encuentro online de médicos humanistas

miércoles, 5 de abril de 2023

Zaragoza, un visto y no visto. La residencia Pignatelli y las torrijas de Adrián.


En los pasados días 23, 24 y 25 de marzo de este año de 2023 nos reunimos como casi cada año para celebrar el Congreso Nacional del Grupo Comunicación y Salud.

El lugar, pulcro y sencillo, cómo nosotros; el hotel a la medida de los médicos de familia y las actividades…… Las actividades a lo grande, como vuestros corazones.

Durante esos tres días se llevaron a cabo treinta y siete talleres, tres mesas, dos ponencias y un foro de investigación. Se presentaron vídeos, relatos, fotografías y comunicaciones orales y en formato póster. Y pudimos asistir a una batucada sin parangón y a dos conferencias, la relacionada con el Proyecto Saludarte y la de clausura en la que Francesc Borrell estuvo acompañado por dos grandes mujeres del grupo, nuestra gran amiga Ana Sobrino y la joven Sara Davies.

Nuestro grupo madrileño y madroñal tuvo una gran presencia con la presentación y venta del libro de Concha y Alberto Divisible por ti. Damos fe de su gran éxito, hasta el punto de que Francesc lo presentó como uno de sus libros de bolsillo. ¡Lo más!

Además, participamos como docentes en cuatro talleres, en la lectura de relatos y en el Foro de investigación.

Allí estuvieron Alberto y Concha con su taller Cámara, acción: Medicina narrativa a través del cine, Carmen y Gema respondiendo a la difícil pregunta ¿Cómo mejorar nuestras habilidades en la comunicación de una mala noticia? y Begoña y José Ignacio con su Abordaje del paciente somatizador: abriendo la caja de mis herramientas emocionales.

También Salvador Casado, que, aunque no pertenece al grupo, es de la casa, con un curioso taller de título Escatología sanitaria y catástrofes vitales.

Quiero creer que todos nuestros talleres fueron muy bien valorados por los asistentes. Pero lo más importante, es que lo pasamos muy, muy bien.

Compartimos mesa sin mantel en la casa de Cristina y Adrián, y bañados en cerveza degustamos croquetas, chipirones, huevos rotos con boletus, gambas de las de Huelva y unas torrijas dignas de un César Augusto, aquel, cuyo nombre quedó en la ciudad aragonesa para siempre. Casi, como el postre en mi memoria.

Muchos de los relatos leídos procedían de plumas madrileñas, pero el mejor fue sin duda el de Laura, una joven gaditana que nos emocionó con su dicción pura y su texto sobrio directo al corazón. Al fin y al cabo, el protagonista de aquel relato podríamos haber sido cualquiera de nosotros.

E incluso, asistimos al atrevimiento de tener la pistola en la mano y en un hilo la vida de Borrell en aquel relato pensado después de la resaca del Horizontal.

No, no os preocupéis, todo quedo en un susto…

Hubo, como siempre, tiempo y espacio para las confidencias, los abrazos, los grandes afectos y el baile. Compartimos comida (mala), café (imbebible) y risas (siempre sanas). Y subimos y bajamos cientos de veces las escaleras de un lugar colegial, alejado del mundanal ruido y de la bella ciudad de Zaragoza que la mayoría no tuvimos el placer de ver ni pasear.

Llegamos un viernes de noche al Pilar para cenar cerca del río. De la cena, como casi siempre lo mejor la compañía. Del baile, mejor no hablar y las copas llegaron traicioneramente a nuestro tubo digestivo con nefastas consecuencias para algunos. ¡Doy fe! Gracias a mi caja de Almax al menox, pude llegar al sábado.

Un sábado de premios, de música y de danza. De los libros de bolsillo y la foto del final, en algo así como el prado, llenos de felicidad.

Muchas personas jóvenes, con entusiasmo, conocimientos y ganas de ayudar a los demás y de aprender. Muchos veteranos con la misma ilusión que en el siglo pasado. Personas de todos los rincones de España compartiendo lo que sienten y lo que saben con los demás.

¡Había tanta belleza en los rostros y en las almas de aquellas gentes!

Cada vez que viajamos al increíble mundo del Grupo Comunicación y Salud salimos sanados. No hay nada comparable en la medicina que conozco.

Por ello, me despido de todos vosotros con el deseo de que en el año 2024 nos veamos en Cuenca, colgados de las casas, de la belleza abstracta y del afecto compartido.

¡Viva el Grupo Comunicación y Salud!

jueves, 30 de marzo de 2023

Personas o pantallas

Cuando el viernes pasado fui al cine fue preciso sacar las entradas en una máquina y a pesar de que no hubo ningún problema para poder comprarlas para la película y sesión que queríamos no pude dejar de pensar en aquellos tiempos en los que ir al cine era una fiesta.

Una fiesta porque requería dirigirse a un lugar en el que todo estaba revestido de un cierto estilo, de lo que llaman los cursis glamour. Un sitio en el que desde el modo de adquirir la entrada tras una conversación con la taquillera (que a veces llegaba a ser una persona cercana a nosotros por conocida), la hermosa y lujosa entrada a la sala y el olor específico que desprendía identificaban claramente que en unos momentos asistiríamos al milagro de trasladarnos a Bagdad, Nueva York, al Oeste o al futuro sin salir de nuestro barrio.

Los acomodadores vestían como aquellos porteros de los hoteles de lujo que veíamos en las películas y la limpieza inmaculada del piso y las butacas llamaban nuestra atención infantil.

Ahora, te sacas las entradas y te acomodas tu mismo después de haber penetrado en un lugar gris, de aspecto hostil y maloliente con restos de palomitas en el suelo y antes de disfrutar de la película llegas al aburrimiento profundo y piensas en irte a la calle por el exceso de anuncios de coches o perfumes que no te interesan para nada.

Hemos llegado a admitir que tenemos que servirnos la gasolina manchándonos las manos, la fruta y la verdura que pesamos minuciosamente y sin rechistar, el dinero en el cajero automático, las entradas de cine y de teatro y un largo etcétera y nos parece lo normal. ¿Para qué hacen falta personas si lo hacen mejor y más barato las máquinas? Y de modo tan eficaz que incrementan las listas del paro.

Dentro de muy poco acudiremos a la máquina de diagnóstico y nos trataremos cada uno a su manera y libre entender. Hay varios chistes circulantes sobre ello, pero a los médicos no debe llevarnos a risa el cambio que se avecina.

Decía Foucault que la medicina moderna fijó su fecha de nacimiento hacia los últimos años del siglo XVIII. Posiblemente estamos en la era de la medicina postmoderna en el contexto de los tiempos líquidos de Bauman y las sociedades cansadas descritas por Han, con individuos que se diluyen y autodestruyen porque todo lo que era sólido para Muñoz Molina y para tantos otros que compartimos su punto de vista está despareciendo poco a poco.

Estos cambios tan tristes a la hora de ir al cine me recuerdan a la política sanitaria de la Comunidad de Madrid. Fea, sin alma y centrada en la tecnología.

Se añoran la inteligencia, el respeto y el afecto hacia las personas, sean profesionales de la salud o enfermos. Cada día, se echa más de menos la relación personal.

Y cómo diría Serrat parece preciso escribir una carta con pluma en un papel dirigida a quién corresponda y enviarla por correo postal con un sello en el que se vea la imagen de Gregorio Marañón como recuerdo de que la tecnología más importante para el médico en el año 2023 sigue siendo la silla.

Una carta que diga algo así:

Estimada señora, estimado señor, estimados señores… a quién corresponda:

Me gustaría informarles, aunque quizás ya lo sepan que hace unos días llegaron a mi Centro de Salud, un lugar en el que la inversión más necesaria es en personas para poder atender a las personas y tiempo para que esa atención sea adecuada, unas cuantas pantallas de televisión en las que en silencio permanente unas mujeres jóvenes con mascarilla dan consejos sencillos.

Pantallas digo, cuyo coste imagino que no será pequeño, y que al menos desde mi humilde punto de vista como médico que lleva trabajando más de treinta y cinco años en estos lugares llamados centros de salud en varias provincias de nuestro país, tienen poca utilidad y se han colocado sin preguntarnos sobre su necesidad y oportunidad.

Nos hubiera gustado tanto poder hablar con alguien, con personas de carne y hueso sobre nuestros problemas reales.

Nos hubiera encantado opinar sobre las necesidades materiales y humanas del lugar en el que pasamos muchas horas al año.

Nos parecería extraordinariamente útil compartir con ustedes la visión y misión que tenemos sobre la importancia de nuestra tarea.

Y hubiera sido decisivo dialogar sobre nuestro trabajo centrado en los otros. Una labor que precisa conocimientos y habilidades técnicas, pero para la que es preciso grandes dosis de humanidad. Y esto se adquiere con lecturas, reflexiones y experiencias.

Porque, aunque quizás ustedes no lo sepan, a las personas que acuden a este lugar lo que más les importa es que les escuchen, les informen adecuadamente y les traten con respeto y afecto. Y nos lo dicen todos los días. ¡Todos los días! No necesitan ni quieren pantallas. Buscan soluciones a sus problemas en las personas.

Nos preocupa que estas pantallas sean el preludio de una medicina centrada en la tecnología y que los profesionales de enfermería y medicina estemos en peligro de extinción por considerarnos innecesarios en su mundo virtual.

Me pregunto cuáles serán las razones científicas y sociales que se esconden detrás de todo ello. En el hipotético caso de que existan.

Y después de todo me surgen muchas otras preguntas que supongo que no se han llegado a plantear.

Cuando accede un paciente al sistema sanitario público:

¿Quién le escucha?

¿Quién le consuela?

¿Quién le explora?

¿Quién es compasivo?

¿Quién le explica el problema?

¿Quién le da la mano?

¿Quién le abraza?

¿Quién le cura su herida?

¿Quién interpreta sus síntomas?

¿Quién le ausculta?

¿Quién le recibe con una sonrisa?

¿Quién le ofrece un pañuelo para enjuagar sus lágrimas?

¿Quién le comprende?

¿Quién decide con ella?

¿Quién le habla de su funesto pronóstico?

¿Quién le despide con cariño?

¿Quién es asertivo?

¿Quién toca su piel herida?

¿Quién responde a sus dudas?

¿Quién recuerda sus éxitos?

¿Quién le visita en su domicilio?

¿Quién se pone a su disposición en los momentos difíciles?

¿Quién se queda en silencio cuando sufre?

¿Quién le pregunta por sus nietos?

¿Quién cuida a su familia?

¿Quién le gasta una broma?

¿Quién responde a su sonrisa?

¿Quién le acompaña?

Las preguntas son infinitas.

Supongo que, para ustedes, como para los expertos en videojuegos y para los adolescentes solitarios la respuesta será la pantalla.

Pero tengo que confesarles, que después de sus silencios siento tristeza por la sanidad que nos espera y me da miedo, mucho miedo, pensar que han desaparecido de la asistencia sanitaria la inteligencia, el respeto y el afecto.

Que nadie nos escucha. ¿Hay alguien ahí?

Atentamente se despide de usted, de ustedes, de quien corresponda, un R38.

José Ignacio Torres Jiménez.

lunes, 20 de marzo de 2023

Taller "Olvidamos lo que nos dijeron o hicieron, pero no cómo nos hicieron sentir. ¿Cómo mejorar nuestras habilidades en la comunicación de una mala noticia?" XXIV Jornadas de residentes y XV de JMF

Buenas tardes amigos, compartimos con vosotros brevemente nuestra participación en las XXIV Jornada de Residentes y V de JMF con el taller que da título a nuestra entrada de hoy.

Dispusimos de un tiempo para experimentarnos más humanos (explorando nuestros miedos y emociones en la consulta) y saber cómo y cuánto marcamos la vida de las personas que atendemos (y cuánto marcan nuestros pacientes la nuestra). 

En este viaje, siguiendo el lema del encuentro: trabajamos para resistir a nuestras emociones negativas -la pereza o la impaciencia- como enemigas de la empatía, para reinventar una forma estructurada de comunicar la mala noticia al paciente o a sus familiares  y renacer  en nuestra capacidad de acercarnos y escuchar a las personas que atendemos en consulta. 

Todo de la mano de Gema García Sacristán y  Carmen Ortega González.