El pasado día trece de junio, desde el Salón Ciudad de Úbeda del Ateneo de Madrid, despedimos el III Ciclo de Cine y Medicina trasladándonos a un pequeño estanco de Brooklyn.
Entre cigarrillos, puros y mecheros, conocimos una comunidad en la que cada integrante tiene una historia que contar. De su mano, descubrimos el duelo por la pérdida de un ser querido, el amor incondicional de una madre a una hija y de un hijo a su padre. Además, reflexionamos sobre la importancia de la comunidad y su papel en la salud. Nuestra identidad individual se construye en relación con los demás.
Durante unas horas, tal y como nos recomendó Auggie, el estanquero, intentamos mirar con
detenimiento porque si no lo hacemos así, nunca conseguiremos ver nada.
La película es un canto a la esperanza. También, nos hace dudar entre qué es mentira y qué es
verdad, pero, como dice Paul Auster en su obra El cuento de Navidad de Auggie Wren:
“Mientras haya una persona que se la crea, no hay ninguna historia que no sea verdadera”.
Agradecemos a Celia López Lozano, miembro del Grupo Comunicación y Salud, y asistente habitual al Ciclo de Cine y Medicina del Ateneo, las reflexiones compartidas en distintas sesiones en la sala, y, ahora de forma especial, en esta entrada de nuestro blog para todos quienes no pudisteis acompañarnos.
¡Os esperamos después del verano con el IV ciclo de Cine y Medicina!
¡No dejéis de disfrutar del cine hasta que reiniciemos nuestros encuentros!
Un caluroso abrazo,
Grupo Madroño Comunicación y Salud.
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